Un tifón azota la bahía de Tokio. Tarō, oficial del distrito de Taito, escribe refugiado en su kōban, el cubículo de policía que comparte por turnos con Aoi. Lo que escribe Tarō, el monólogo de un anciano que espera la muerte en la lejana Patagonia es también lo que escribe ese extranjero, ese gaijin empeñado en encontrar el lenguaje preciso para describir la caída de Raider Tōzō, el gran luchador de sumo entregado a la muerte. En el relato anida otro relato dentro del cual late esa escena final, reescrita una y otra vez mientras el agua sube y Tokio sucumbe a lo que sale del océano. A fuerza de escritura Tarō resiste la embestida del vacío, la enfermedad y la noche, pero es la propia pulsión narrativa la que conjura los demonios e instala la pregunta: ¿qué puede la literatura?
En Raider Tōzō, Mike Wilson vuelve a afirmarse como un narrador sin paralelo en la literatura latinoamericana contemporánea, dueño de un proyecto literario de una potencia arrebatadora, que no teme asomarse al abismo.